Defensa de la Fe y Separación




Jueves 10 de Mayo del 2007
Iglesia
 Brasil

Por Dr. Silas E. de Oliveira*

La fe, como la define Hebreos 11:1, es “la sustancia (o firme fundamento) de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven”.

 

Esa es la definición de la fe verdaderamente salvadora. Es ella la que produce lo que se dice en Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos, por la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

 

Es precisamente a esa fe salvadora a la que se refiere el apóstol Pablo cuando define el evangelio mismo de Cristo y la maravillosa justificación que se realiza mediante ella en Romanos 1:16-17: ”Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es potencia de Dios para salud (salvación) a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego. Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe, como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe”.

 

Es significativo que los que reciben (puesto que es de Dios) esa fe salvadora son los que se identifican realmente como hijos de Dios, como se lee en Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre”.

 

Hemos estado viviendo un período de grandes desafíos en cuanto a la pureza de la verdad y, consecuentemente, de la fe. La proliferación de seudo-verdades y fe han engañado al pueblo en general. Existe mucha confusión producida por Satanás. Por eso la iglesia verdadera tiene que intensificar la posición que debe tener de defensa de la fe verdadera, pues muchas cosas apremiantes y urgentes tienen que ser enfrentadas en el umbral del Tercer Milenio, entre ellas el equilibrio teológico y doctrinal mismo. Las doctrinas más exóticas han invadido los púlpitos de las iglesias evangélicas. Parece que el pueblo de Dios ha sido dominado por una fiebre doctrinal, en la que la inconstancia producida por las novedades interpretativas es lo único constante. Cuando grupos fundamentalistas, o aun conservadores, tratan de resistir a esas embestidas doctrinales, recurriendo a la posición bíblica histórica y verdadera, las personas más audaces se retiran de sus grupos originales de fe, para formar otros grupos con posiciones doctrinales absurdas.

 

Sin duda, esto está ocurriendo desde hace largo tiempo, pero ahora se acentúa por el número de sectas y grupos seudo-evangélicos que van apareciendo. En realidad, las personas ya no se preocupan de lo que es correcto, sino de lo que sienten. En la religiosidad emocional, en la que se llega al extremo de juzgar las enseñanzas de la Biblia de acuerdo con las experiencias y sensaciones empíricas, cuando lo correcto es examinar las experiencias a la luz de las normas bíblicas. Esto corresponde bien a las palabras de Pablo a Timoteo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2ª a Timoteo 4:3-4).

 

Parece que la invención de fábulas es más activa que nunca. Los cristianos parecen satisfacer su yo espiritual según su conveniencia y dejan de ocupar tiempo en lo que realmente edifica la vida y el cuerpo de la iglesia. Gana el reino de las tinieblas cada vez que los asuntos internos nos distraen de la tarea de testificar por la fe (Hechos 1: 8) y del crecimiento en la gracia y conocimiento de Jesucristo (2ª de Pedro 3:18; Efesios 4:1-16).

 

Esto es tan cierto que el propio concepto de fe salvadora, producida por el mismo Dios, quien es el autor y consumador de esa fe verdadera y que, por su infinito amor, la dio a sus hijos, ha sido substituido por la predicación de un seudo-evangelio de sanidades, de prosperidad, de emociones, etc., por los conceptos satánicos de “fe religiosa”, “fe humana” y “fe en los milagros”, además de otras falsificaciones.

 

TIPOS ENGAÑOSOS DE FE: ARTIMAÑAS DE SATANÁS

 

Desgraciadamente vivimos en medio de una proliferación de varias otras clases de fe que engañan al pueblo. Por ejemplo, como dije antes: “La fe religiosa”, que es la que ha producida todas las religiones del mundo, menos la verdadera religión cristiana, que ha resultado de la acción y revelación de Dios.

 

El fenómeno religioso es universal. El sentimiento religioso en los seres humanos en una realidad y tanto que hasta los ateos tienden a crear algún substituto de la religión y, en consecuencia, a hablar de alguna fe.

 

“La fe humana”, que es la fe que los hombres tienen entre sí y en la preservación de la naturaleza. Por más desconfianza que exista, y existe mucha, siempre hay un elemento de fe que permite la sobrevivencia de la sociedad. Sin alguna clase de fe no podría haber comercio, nadie usaría los medios de transporte, no se haría nada. En realidad, sin fe en los hombres, en los documentos, en las leyes, en las posibilidades del futuro, en la continuidad de las leyes naturales, la sociedad humana no sobreviviría. La fe humana se aplica también a los poderes o facultades extra-sensoriales y a la tendencia a abusar de eso, con lo que se termina por confundir lo natural con lo sobrenatural (parapsicología invadida por el espiritismo). Satanás y sus demonios aprovechan esa confusión e invaden esa área, con lo cual aumenta la confusión, hasta llegar a niveles, muchas veces, incontrolables, que impresiona hasta a los creyentes. Todo eso es el resultado de una “fe humana”, que no tiene relación alguna con la fe cristiana, que es la bendita fe salvadora.

 

Pero hay todavía otro tipo de fe, bastante sutil, me refiero a la “fe en los milagros”. Ésta se expresa o se aplica de varias maneras. Algunos creen en los milagros de la Biblia y sólo en ellos; otros creen en milagros actuales; hay quienes tienen fe para recibir beneficios milagrosos y también hay quienes tienen fe para hacer milagros. En este caso la situación ofrece terribles riesgos de acción satánica, que puede confundir al pueblo evangélico que no es firme.

 

La fe en los milagros puede ir junto con la fe salvadora, pero también puede darse sin la fe salvadora, por acción satánica.

 

Si alguien experimenta un beneficio milagroso (sanidad milagrosa o alguna bendición o gracia milagrosa o alguna señal milagrosa) eso no prueba que pertenezca a Cristo. Si alguien realiza un acto milagroso, eso no prueba que sea de Cristo. A personas como ésas Jesús les declaró perentoriamente: “Nunca os conocí” (Mateo 7:23).

 

Tenemos que tener mucho cuidado. No podemos dejarnos llevar por olas de “milagros” o “señales”. Son ardides de Satanás, para destruir el testimonio de la “fe salvadora” que, mas que recuperar físicamente al hombre o producir señales (que nuestro Señor Dios realizó, como nos informa su Palabra) tiene por objetivo transformar al hombre en el aspecto espiritual, dándole un corazón nuevo, garantizándole la vida entera.

 

Creemos sin duda que Dios sana, que es el Dios de los imposibles, que es el Dios de los milagros, pero que sobre todo, es el dador de la “FE SALVADORA”, lo que confirma el propósito principal de su amor para con nosotros, que es de redimirnos a todos los que recibimos a Jesús como nuestro salvador personal, arrepentidos de nuestros pecados.

 

LA FE VERDADERA: SU EFECTO EN EL CREYENTE VERDADERO

 

Verdaderamente, tenemos que ser muy cuidadosos y tomar una posición valiente, como creyentes verdaderos, en defensa de la fe, que es don de Dios, como nos dice Efesios 2: 8-9, ya mencionados y transcritos.

 

Es a esa fe, la verdadera, y solamente a ella, a la que se refiere el apóstol Pablo al definir el evangelio mismo de Cristo y la maravillosa justificación que produce (Romanos 1:16 y 17).

 

Es esa fe, que tiene que ser defendida por nosotros, que es don de Dios y, por esa razón, se identifica con su propio poder, lo que permite que nosotros, sus hijos y verdaderos creyentes:

 

1. Vivamos por ella: Romanos 1:17, ya transcrito;

2. Permanezcamos firmes: Romanos 11: 20: “Bien: por su incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme”;

3. Andemos, movidos por ella: Romanos 4:12: “Y padre de la circuncisión, no solamente a los que son de la circuncisión, mas también a los que siguen las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado”;

4. Seamos sostenidos: 1ª a Timoteo 4:10: “ Que por esto aun trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”;

5. Demos buen testimonio: Hebreos 11: 2: “Porque por ella alcanzaron testimonio los antiguos”;

6. Seamos consolados: Romanos 1:12: “Es a saber, para ser juntamente consolado con vosotros por la común fe vuestra y juntamente mía”,

7. Podamos resistir al diablo: 1ª de Pedro 5:8 y 9: “Sed templados y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore: al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo”; y

8. Tengamos su garantía de que seremos victoriosos: 1ª de Juan 5:4-5: “Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, si no el que cree que Jesús es el hijo de Dios?”.

 

Es esa fe salvadora, poderosa, venida del mismo Dios, la que por su gracia nos ha sido dada y garantizada y que es el fundamento de la verdadera y segura redención del hombre, que el diablo ha tratado de destruir, engañando al pueblo mediante sectas falsas que surgen debido al debilitamiento de los dirigentes de nuestras iglesias consideradas fieles hasta entonces, lo que es peor aún.

 

LA NECESIDAD DE DEFENDER LA FE VERDADERA

 

Esta es una lucha que siempre ha existido, pero ahora la acción del enemigo de nuestras almas se realiza más sutilmente, produciendo mucha confusión en cuanto a la identificación de la verdadera fe salvadora. Se ha predicado la fe religiosa o la humana o, también, la fe en los milagros, etc., que son engaños para destruir la fe verdadera y salvadora. Otras embestidas se han producido mediante teologías falsas, versiones bíblicas dudosas, el ecumenismo, el carismatismo y varios otros “ismos”.

 

Como dijimos, parece ser ahora el tiempo en que la sutileza diabólica se ha ejercitado contra la definición misma de la fe verdadera.

 

Por eso tenemos que estar más atentos y firmes en nuestra posición de defensa de la fe, como nos alerta la propia palabra de Dios, en Judas 3: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros de la común salud (salvación), me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.

 

Una necesidad urgente es, evidentemente, que anunciemos la fe verdadera con toda la intensidad posible, aprovechando todas las oportunidades que surjan, mediante nuestras iglesias realmente fieles; mediante la acción misionera muy activa; mediante la enseñanza en nuestros seminarios, facultades teológicas, institutos y escuelas bíblicas; mediante nuestros periódicos y revistas teológicos y, además, mediante una evangelización activa y constante.

 

Somos soldados del Señor, somos sus mayordomos. Entonces, además de ganar almas para el Señor Jesucristo, mediante la comunicación del evangelio verdadero y de la verdadera fe salvadora, además de cuidar nuestras fronteras, enseñando y comunicando la fe verdadera, tenemos que luchar externamente, tenemos que defender la fe verdadera fuera de nuestras huestes, batallando o entrando en el combate, como leemos en Judas 3… Pablo nos da el ejemplo de esa lucha activa contra el enemigo cuando nos dice en Gálatas 1: 8-10: “Mas aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro evangelio del que habéis recibido, sea anatema. Porque ¿persuado yo ahora a hombres o a Dios? ¿O busco de agradar a hombres? Cierto, que si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”.

 

Hay que destacar que el episodio al que se refiere Pablo envolvía a Pedro, que estaba difundiendo con inseguridad una salvación que dependía de la circuncisión y que en el versículo 11, del capítulo 2, de la Carta a los Gálatas, deja muy en claro su actitud de lucha contra la fe falsa, al decir: “Empero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar”. También es positiva en este sentido la orientación de Pablo a Timoteo, en los versículos 1 y 2, capítulo 4, de su segunda carta: “Requiero yo pues… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende; exhorta con toda paciencia y doctrina”. También es Pablo quien recomienda a Tito, en el capítulo 1, versículo 13 de su carta a aquel siervo del Señor: “Este testimonio es verdadero: repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe”.

 

Y eso mismo, la defensa de la fe verdadera, nos ha sido confiada, por ser sus hijos, por el Señor Dios y debemos tomar en serio lo que agudamente nos dice su palabra. No podemos permitir que en nuestras iglesias se anuncien fábulas, o, peor, herejías o cualquier cosa que niegue la fe verdadera y, más todavía, los fundamentos de un evangelio falso y mentiroso, diseminado por el mismo diablo, provenientes de los seudo-evangélicos en sus presentaciones en T.V., radios y periódicos y hasta en Internet. Debemos combatir por todos los medios posibles, bajo la orientación del Señor.

 

LA SEPARACIÓN

 

La actitud de defensa incluye fundamentalmente una posición de separación, pues, como enfatizó Jesús en el Sermón del Monte, en Mateo 5:13-16, somos la “luz del mundo” y “la sal de la tierra” y esa posición como creyentes fieles y verdaderos debe ser tomada en serio, aunque tengamos que estar en este mundo lleno de pecado y aflicciones. Nuestro testimonio tiene que ser evidente, como nos dice el texto transcrito un poco más abajo. No podemos pactar con el pecado, no hay acuerdo, no hay posibilidad de comunión entre la luz y las tinieblas y, además, como sal que somos, tenemos que tener vidas que reflejen la pureza, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, caracterizando una vida de testimonio, en cuanto a la obediencia a la voluntad de Dios y, por eso, transmitiendo todos los efectos de la santificación y del repudio de la práctica del pecado.

 

Es lo que dice enfáticamente el apóstol Pablo en la segunda carta a la iglesia de Corinto, en el capítulo 6, versículo 14 al 18: “No os juntéis en yugo con los infieles: porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿y que comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel?¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos y ellos serán mi pueblo. Por lo cual: salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo y yo os recibiré, y seré a vosotros Padre y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

 

No podemos conformarnos con este mundo. Debemos expresar nuestro amor con el pecador, predicándole el verdadero evangelio de Cristo, para que, arrepentido de sus pecados, reciba la “fe salvadora”, es decir, la “fe que transforma vidas”, produciendo el nuevo nacimiento. Mientras eso no ocurra, no podemos tener comunión con ellos y, en consecuencia, menos todavía con los que usan o practican un falso evangelio para engañar y burlarse del pueblo en general. Es lo que Pablo dice en Romanos 12:2: “Y no os conforméis a este siglo, mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

 

En relación con esto, la definición correcta del ciudadano del cielo y, en consecuencia, del creyente, está en el Salmo 1, versículo 1: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado”.

 

CONCLUSIÓN

 

En conclusión: debemos estar conscientes de la responsabilidad que tenemos, como hijos de Dios que somos, de defender la “verdadera fe salvadora” y también, de cuidar y mantener nuestra separación como pueblo especial, como nos dice Tito 2:11-15: “Porque la gracia de Dios que trae salvación a todos los hombres se manifestó. Enseñándoos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo templada, y justa, y píamente, esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo, que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie”.

 

Somos realmente un pueblo especial, rescatado por el Señor, y que tiene responsabilidades muy definidas: anunciar el mensaje salvador, ganar almas para Jesús, alabar en todo al Señor, buscar constantemente la santificación mediante el Espíritu Santo y, por último, mantener nuestra integridad como pueblo escogido, según lo que leemos en 1ª de Pedro 2:9-10: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a la luz admirable. Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia, mas ahora habéis alcanzado misericordia”.

 

* El doctor Silas E. de Oliveira es pastor de la Iglesia Bautista Fundamentalista del Brasil. Actualmente es el primer vicepresidente de la Alianza Latinoamericana de Iglesias Cristianas (ALADIC) para el Brasil. Esta exposición fue presentada en el XVI Congreso de la ALADIC realizado en Guatemala del 1 al 6 de febrero de 1999.

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